miércoles, 25 de abril de 2012

El intransferible


Es una operación complicada, silenciosa, salvajemente satisfactoria. Puedo pensar en tantas cosas que he pospuesto, pensar en cómo pensar, pensar y pensar, nada de escribir, tal vez, leer y pensar. ¿Esfuerzo? Alguno, afortunadamente, pero un esfuerzo gratificante, un esfuerzo casi liberador. Esta indeleble soledad que se manifiesta en pequeñas expresiones de júbilo en mi estómago pletórico, es una cita, diaria por demás, infaltable e intransferible, es la más democrática de nuestras acciones y por qué no, la más comunista de nuestras expresiones. Pasa el tiempo, y sigo pensando, leyendo y no escribiendo. Este altar no puede ser profanado con mundanos despistadores del tiempo, no puede contaminarse con distractores más allá de pequeñas lecturas superficiales, cándidas en el decir de algunos, que nos permita concentrarnos en la sublime acción que nos ocupa, que no exige, que nos obliga, que nos insiste desde lo profundo de nuestro ser y comanda tenazmente nuestros sentidos y cada músculo de nuestro cuerpo para lograr su mundano y fugaz cometido. En unos minutos, algunas veces más de los que quisiéramos, dejamos el llamado por muchos como “El Trono”; yo prefiero llamarlo, mi centro privado de pensamiento.

Saludos,

Vlogordo

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