viernes, 9 de enero de 2015

Un mundo ideal

Había una vez un mundo que vivía en paz. Todos en este mundo se respetaban entre ellos. Pero este mundo tenía una particularidad: estaba formado por tribus en las que todos sus integrantes pensaban igual. Así, nadie criticaba el pensamiento de nadie y nadie quería imponerle su pensamiento a nadie. Había total paz. Hasta que alguien de una tribu quiso ver otros lugares y se alejó de sus compañeros para recorrer el mundo, para ver otros sitios, para ver otros pensamientos.

Llegó a otra tribu, que también vivía en completa paz, pero tenían otras ideologías, con algunos postulados iguales y otros un poco distintos a los del visitante foráneo. El extranjero empezó a hablar con ellos y empezó a contarles de las ideologías de su tribu. A algunos no les importó que tuvieran pensamientos distintos; a otros no les gustó que tuvieran esos pensamientos sobre cosas sagradas de su propia tribu; a otros incluso les gustó ese pensamiento distinto.

El extranjero siguió su viaje, encontrando algunas tribus con las que compartía cosas y llegando a otras que eran tan distintas, que estuvo poco tiempo visitándolas.

Después de mucho tiempo, llegó otra vez a su tribu, pero era una tribu distinta a la que había dejado. Se enteró que su viaje sirvió de inspiración para otros para ver nuevos paisajes, para saborear nuevos pensamientos. Incluso personas de su propia tribu ahora parecía que pertenecían a tribus de las que había visitado; otros ya no estaban y no volverían; había otros que ya no compartían los pensamientos de la misma tribu, pero se quedaban porque disfrutaban del paisaje y de compartir con sus compañeros, así pensaran diferente. Pero otros que no se habían ido o unos que ya habían regresado, querían imponer la ideología que habían aprendido de afuera y que pensaban que era la única. Y no querían que otros no la siguieran. Entonces empezaron a ridiculizar y a tratar mal a los que no pensaban como ellos.

El viajero trató de hablar con ellos, pero eran tercos y no querían que les dijeran qué hacer, aunque eso era lo que ellos hacían con los demás compañeros de su tribu. Esto no sólo pasó en esta tribu, en todas empezaban a formarse grupos distintos: los que creían en su ideología, los que apoyaban otra, los que querían imponer su pensamiento, los que pensaban distinto pero querían oír lo que otros pensaban, los que no creían en ninguna.

El problema empezó cuando una minoría quiso imponer su pensamiento por la fuerza. Ese pensamiento se propagó por las otras tribus y la paz que antes reinaba desapareció, por las acciones de esa minoría.

El primer viajero intentó calmar la situación: se reunió con líderes de todas las tribus, para alcanzar soluciones.

Algunos propusieron que se hicieran nuevas tribus, todas fundadas sobre una ideología particular, y las personas que siguieran esa ideología, se movilizaran hacia esa nueva tribu. No funcionó, la logística de la movilización era imposible. Otros propusieron que a cada violento que quisiera imponer por la fuerza su pensamiento, se le enviara a una isla desierta, alejada de todos. No funcionó, porque cada vez era más difícil identificar a los violentos antes de que sus acciones terminaran en tragedia. El primer viajero propuso la idea más innovadora: que sin importar cuál fuera la ideología, que cada persona respetara la opinión de los otros, sin importar de qué tribu o ideología pertenecieran y que cada persona cumpliera con la ley que dictara cada tribu. Las personas lo entendieron, las personas lo aplicaron, y otra vez llegó la vieja paz que se había ausentado de este mundo…

martes, 5 de noviembre de 2013

Historia sólo es historia



Repaso en mi cabeza esos últimos minutos: llamé, tú estabas, eso me dio felicidad. Colgué. Sonó después el teléfono, muy poco después, pero parecieron años. Mi dulce madre, mi maravillosa mamá, el ser a quien como a ti les debo mi vida, y sí que de las debo. Mi nacimiento no fue fácil, imagino la angustia que debiste sentir, y el dolor que mamita sintió. Imagino el desespero y el alivio después. Entiendo por qué todos estaban atentos a mi mamá; ella era la que importaba, porque yo estaba bien. Si hubiera podido te hubiera dicho "vé con ella, yo me las arreglo aquí, vé con ella y sálvala que todos la necesitamos". Y así fue, así fue todo, porque fuiste y la salvaste, y porque cuánto la hemos necesitado... Hasta la vida, hasta el amor que nos da, hasta el aliento que nos queda. Pero estábamos en la llamada; no puedo imaginar una noticia tan terrible anunciada de una forma tan sublime: "papito ya está en el cielo". Y así fue, te fuiste tan rápido que esa llamada que hice un momento antes, no alcancé a repetirla. Pero te fuiste tan tranquilo, que la dulzura de tu partida me la describió perfecto mamita, "ya te fuiste para el cielo". Sentí muchas cosas, sobre todo confusión. Sentí de esos dolores que se sienten sólo cuando estás aliviado, cuando todo funciona en la carne, pero tanto se duele en el alma. Sentí un derrumbe, una caída y luego, silencio. Sentí resquebrajarse el corazón. Sentí los ojos pesados, el ambiente oscuro. Podía sentir mis latidos, mis lentos latidos acelerándose, miles de pensamientos recorriendo mi cerebro, miles de imágenes y sonidos tuyos invadiendo cada centímetro de mi ser. Todavía los siento, todavía veo algo, oigo algo y me recuerda miles de sucesos que compartí contigo. "Hola joven" te decía por teléfono. El iPad que funcionaba y no funcionaba. El computador que siempre fallaba. Un simple "cómo estás, qué almorzaste". Todos esos recuerdos no se pierden, permanecen indelebles, porque eres una persona inolvidable. Hasta pronto, joven, hasta que nos volvamos a ver y vuelva a abrazarte, a oirte cantar, a oirte hablar, a oirte reír. Hasta pronto.

lunes, 28 de octubre de 2013

Gracias

Y entonces llega la noche, no te oigo, ¿a dónde fuiste? ¿Por qué te fuiste? Miro para el cielo y trato de ver tu figura en una nube y la veo en todas. Sé que estás ahí, sé que me acompañas, sé que me cuidas, pero ¿por qué no puedo hablarte una última vez? ¿Por qué no puedo oír tu voz, aunque sea un segundo, por última vez? ¿Por qué no puedo oír esa última nota sostenida, tan alta como las estrellas? Pero, un momento, sí la oigo, oigo todo de ti, tu sonrisa, tu música, tu ser, lo oigo aquí, muy adentro de mi corazón, aquí donde no se necesitan oídos, donde sólo la piel, el alma, el recuerdo, sienten tu calidez, tu fuerza, tu empeño, tu amor. Gracias por traerme al mundo, y por enseñarme a ser una gran persona. Gracias por escoger a esa mujer tan maravillosa para que fuera mi madre. Gracias por darme esa compañía única de cuatro maravillosos hermanos. Gracias por darme tu piel, tus sentidos, tu decencia, tu honradez, tu música, tu risa. ¡Gracias!

 

miércoles, 9 de octubre de 2013

Para mi papá


Siempre cantamos en mi familia "por qué perder las esperanzas de volverte a ver...", pero yo te veo por todos lados: cuando veo la ternura de Sofía y Matías, las genialidades de Juan Rafael y María Paz, la fortaleza de Martín, la irreverencia de Ferdi,el empuje de Rafa, la creatividad de Margarita, la inteligencia de Camila. Siempre admiré tu fortaleza, tu espíritu de lucha, tu voz que llegaba al alma, tu felicidad que contagiaba, hasta tus enfados que siempre retumbarán en la vida con tus palabras rebuscadas e inventadas. Siempre pensaste en todos los que te rodearon, buscaste que sus vidas pudieran ser mejores, así no los conocieras, porque todos eran "muy amigos tuyos". Cada uno de tus hijos llevaremos con orgullo tu legado, de alcanzar todo en lo que nos comprometemos, de buscar por todos los medios la felicidad. Estoy seguro de que alcanzaste todo lo que querías: esos sueños que nos contabas cuando estábamos chiquitos, esos sueños los vimos realidad más grandecitos, los disfrutaste hasta el cansancio, literalmente.

Gracias por darnos la vida y por mostrarnos lo que importa en la vida: la familia sobre todo, mantener viva la memoria de los antepasados, llevar con honor el apellido Arango. Ahora entiendo cómo es vivir sin tu presencia, lo que viviste cuando faltó el abuelo. Esa falta sé que nunca se acabará, pero gracias a tu ejemplo, sé que debemos recordar cada día, cada minuto, todas las pequeñas cosas que hicieron de ti una gran persona, un gigante en todo, una voz prodigiosa, un humor especial, una alegría única, para que tu ausencia sea sólo de cuerpo, pero que tu espíritu nos acompañe en todo momento.

Te quiero mucho y esperaré encontrarte como lo hizo contigo ahora el abuelo y Marta y todos los que se nos adelantaron. Descansa en ese sofá de nubes en el cielo, báñate en el jacuzzi celestial de donde nacen las tormentas, camina por la playa del cielo que hacen las estrellas y galaxias y toca la bandola, la guitarra y las cucharas junto con Dios, la Virgen, los ángeles y el coro de todos los Arango que te acompañan. Enséñales Merejo y la canción de los gusanos; seguro algunos ya se las saben. Vé tranquilo que nosotros aquí estamos felices por tu descanso, porque ese cuerpo ya no te servía. Vé tranquilo, porque tus enseñanzas nos servirán para criar a nuestros hijos, afrontar la vida con verraquera, y disfrutarla como tú lo hiciste. Gracias por todo, gracias por tu sonrisa, gracias por tu vida y la que nos diste. Gracias...

sábado, 28 de septiembre de 2013

El que quería estudiar, lo que quería estudiar

Esta es una historia como muchas: un joven que demostraba su talento desde pequeño, en las reuniones familiares, en los eventos del colegio, en la calle con sus amigos. Todos lo conocían por ese talento. Pero a sus padres no les gustaba. Le compraban cosas para que se olvidara de ese talento innato, lo llenaban de regalos, incluso en fechas distintas a las tradicionales. Incluso, le daban regalos los martes, sin ninguna razón. Pero él no dejaba de practicar su don. Sus amigos disfrutaban también de su don, lo buscaban de todas partes, sólo para demostrar lo que sabía. ¿Dónde lo había aprendido? Nadie sabía. Pero era el mejor.

Como a sus padres no les gustaba lo que hacía, lo obligaron a estudiar otra cosa. Él lo hizo sin protestar, porque sabía que era lo que haría feliz a sus padres. Pero no era lo que quería hacer de su vida. Ya sabemos qué quería ser.

Fue el mejor de su universidad, graduándose con honores. No le faltaron las mejores propuestas de trabajo. Escogió la que pensó era la mejor. Siempre cultivó su talento secretamente, y lo perfeccionó en una forma nunca antes vista.

Trabajó en lo que estudió durante 14 años, tal vez muchos si no era lo que realmente lo hacía feliz. Hasta que un día, al levantarse, se dio cuenta de que debía cambiar. Que debía oír a su corazón y hacer lo que quería, lo que su alma le gritaba desde que nació.

Finalmente tomó la decisión, dejó su exitosa carrera de músico y entró a la universidad a hacer lo que siempre quiso en su vida; entró a estudiar Contaduría.

viernes, 26 de julio de 2013

Briznas de suelo en el cielo


A veces pienso que el cielo es el suelo y el suelo el cielo. Miro mi vida y la corta vida de la humanidad en este planeta y me pregunto si en verdad el cielo está allá arriba o somos nosotros los que abajo, como el piso, nos eternizamos pensando en el infinito, y creyendo falsamente que nuestra vida es eterna. Y depronto, sin avisar, en un suspiro, el cielo se nos viene encima y nos hace poner los pies en el verdadero suelo, y nos duele adentro, muy adentro, tan adentro que los quejidos ya ni se oyen; y los sueños, que un instante antes saltaban de alegría, en el siguiente segundo se esconden, hasta que entendemos que ese suelo del cielo ahora tiene más ilustres huéspedes, y por fin entendemos que nuestro suelo es sólo una brizna en el infinito universo, y nuestra vida es sólo una minúscula brizna en la historia de la humanidad...

jueves, 3 de mayo de 2012

¿Cómo me lo había perdido?


¿Qué fuerza magnífica impide que te caigas? ¿Qué ángeles invisibles te transportan con tanta paciencia y tanta frialdad, que te hacen pelear con el viento y todas esas partículas y seres diminutos que habitan cada milímetro cúbico de esta pequeña canica azul suspendida en el tiempo y el espacio? ¿Cómo sólo dos rueditas te soportan y soportan a su vez una magnífica felicidad, una indescriptible sensación de libertad, una maravillosa experiencia entre velocidad, temor, ternura y un toque sutil de desesperación? ¿Cómo haces para que al levantar tus pies del suelo, que mantienen tu cordura y tu seguridad intactas, y lo cambias por un pavoroso sentimiento de angustia que se debilita con cada centímetro que recorres en el tiempo viejo de la eternidad pospuesta? Lo intento y lo intento, pero mi viejo cuerpo abatido se conduele de mi temor y clava con un puñal de temor mis plantas de mis pies sudorosos sobre el frío pavimento que presiento será mi próxima estación. Pero, qué siento, siento un arrojo de hidalguía y gallardía que nunca en mi existencia había sentido; siento un impulso irrefrenable de moverme sin importar nada, ni aquel extraño con vestido negro que se aproxima y sin predecir su destino casi ni advierte que estoy ahí en esta bestia metálica. Podría hacerle daño. Podría hacerme daño. Pero este sentimiento que aborda cada poro de mi cuerpo me exige que lo haga, me obliga a vencer esos miedos y adentrarme en los oscuros vericuetos que nunca he conocido, aquellos de esa alegría momentánea que he visto en otros, pero han sido tan esquivos para mí toda la vida, que ya los creía muertos. Un pie, un impulso, otro pie, y sálvese quien se me atraviese, porque aquí voy, en mi primera lección de bicicleta…

Foto por Camila Arango Villegas


Saludos,

Vlogordo